Votaré por una puta
















Votaré por una puta. Mis candidatos al congreso no tienen que ser como yo. Votar por Ángela Villón es votar por una puta decente, una mujer con mucha vida y que conoce los abusos contra las trabajadoras sexuales, una minoría estigmatizada y desprotegida, aunque siempre solicitada. Las iglesias de toda laya las persiguen (o buscan redimirlas siempre que cambien de trabajo), pero la imagen de una puta puede ser distinta, sin pecado, sin vergüenza, sin doble moral.

Mientras Cecilia Chacón no puede explicar cómo posee un hotel y Luciana León juega a ser Bambi, mi candidata es realista e idealista. Quiere poner una lupa sobre los feminicidios que sufren las prostitutas, asesinatos de los que nadie habla (los padres tienen vergüenza, los hijos huyen de ser tildados literalemente de “hijos de puta”; y cuando la policía investiga, los clientes silban y se hacen humo).


Si veo bien, votar por Ángela Villón es votar contra la infamia que cae sobre las putas y la sexualidad, y es ventilar la casa del miedo de curas y la hipocresía de los clientes. Claro, no faltan los extraordinarios beatos. ¿Se imaginan la cara de Rafael Rey y Pepe Barba con la noticia? ¡Los rojos han puesto a una puta! Y no digo Cipriani… ¿La invitaría al Te Deum? Allá ellos.

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