Episcopado peruano


Hasta hace poco la Conferencia Episcopal del Perú significaba cierto contrapeso ético a Cipriani, fundamentalmente, los obispos se rehusaba a elegirlo como presidente de ellos (Luis Pasara, "Cipriani como actor político"), pero la actual posición el Episcopado sobre el proyecto de ley de la “unión civil entre personas del mismo sexo” los acerca, lamentablemente, a una teología nostálgica del Concilio de Trento. Ayer 3 de abril -¿entre vino, queso y miel?- se pronunciaron a favor del modelo tradicional de familia (papá, mamá, hijos y perrito moviendo colita) aduciendo que su conformación es natural (macho copula con hembra Gn 1,27) y contra los gays. En el comunicado -a pesar de los maullidos de los gatos de mi vecino que me hacen recordar los goces de los Borgias- nos instruyen y susurran al oído sobre la unión de gays: “Es contraría al orden natural, contradice la finalidad del matrimonio, atenta contra la dignidad humana de los peruanos, amenaza la sana orientación de los niños”.
Uno se pregunta, sin embargo, ¿por qué unirse en votos nupciales a María o Jesús, como hacen con todo derecho curas y monjas, no sería también contrario al orden natural? Si esa soltería, intempestiva o extemporánea, resulta de un llamado divino, ¿por qué la divinidad se complicaría con los gays? Y algo más incomprensible, ¿por qué, en este punto, el Episcopado habla de orden natural como si no supieran que sus opiniones son, en esa área, anacrónicas y ajenas a los estudios de los científicos sobre el tema? Del orden natural nos comunican los científicos, con gran prudencia, nunca pontificando, tanteando con hipótesis que pueden ser refutables; pero si el Episcopado, como asumo, también lo sabe, siendo gente culta que conoce las investigaciones de los sexólogos, ¿en qué se ampara para publicar dicho comunicado?
Entre Juan Luis Cipriani y la Conferencia Episcopal, ahora, uno comienza a preferir a Cipriani, alguien que es sinceramente franquista, directamente homófobo, francamente conservador y que no anda con melindres: “Los católicos somos conscientes de que todas las personas tenemos iguales derechos, por lo cual rechazamos cualquier forma de discriminación”.
Preparémonos para escuchar pronto del Episcopado que el verdadero matrimonio católico es aquel que vive plenamente en “la castidad conyugal” (artículo 2349) y aquel que no desea sexo por el mero goce (artículo 2351).
En mis conversaciones con católicos, hasta hoy –y tengo 39 años- ninguno me ha contado que supliquen perdón a Dios antes de tener sexo (Tobías 8, 4-9), Y les consulto ¿gozas “moderadamente” mientras tienes sexo (regla del Catecismo número 2362)?
Lo que me conmueve es que el Episcopado, gracias a esas declaraciones, creará una mala fama en religiosos católicos respetables. Las hermanas del Sagrado Corazón, por ejemplo, igual que los jesuitas, repudian esas discriminaciones, sólo que la prensa de los Miro Quesada no les da espacio. Hoy, en la UNIFÉ, con toda libertad, di una conferencia titulada “El encanto mefistofélico de la dialéctica”, y puedo decir que en las universidades católicas se respira, de lejos, más tolerancia, libertad y pluralidad que en las universidades empresa tipo la universidad de Lima. Con lo cual pienso que ni el Arzobispo ni el Episcopado representan la inteligencia de los católicos, una inteligencia que el Papa Francisco está convocando.

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